
En 1903 los hermanos Wright crearon el primer avión de la historia, capaz no solamente de planear haciendo más lenta la caída sino también de propulsarse con un motor a nafta. Antes, otros inventores como Jean-Marie Le Bris habían intentado sostenerse en el aire con máquinas a tal fin con dispar éxito. Lo que imitando a Dédalo no sospechaban era que años más tarde volar se volvería una experiencia dada por sentada. Después de atravesar la horriblemente kafkiana experiencia que representa el proceso del aeropuerto uno es recompensado con algunas horas a bordo de un micro con alas, solo que de algún modo más incómodo. Pero asumiendo que el viaje sea lo suficientemente largo uno tiene el privilegio de contar con una pantalla enfrente de su asiento con una selección peculiar de películas y series.
Obviamente uno no tiene control sobre qué contenido van a tener las pequeñas tablets de su avión pero podemos asumir que se verá algo así: cuatro o cinco películas “nuevas”, recientemente estrenadas en cines; alrededor de diez películas “clásicas”, del tipo romcoms de los años ‘90, dramas eternos tipo Orgullo y prejuicio, alguna película histórica o épica tipo La vida es bella, Gladiador o La lista de Schindler; la obligada selección de películas del país de la aerolínea (un documental sobre Timbiriche si es Aeroméxico, Un novio para mi mujer en Aerolíneas Argentinas, Ocho apellidos vascos en Iberia, etecé) sumado a un puñado de comedias europeas (todos los aviones en el aire en este momento de la aerolínea que sean tienen alguna película francesa sobre la hija de una familia conservadora llevando a conocer a sus padres a su nuevo novio negro o musulmán); y algunas películas más del tipo popurrí como Casablanca, Las horas o Como si fuera la primera vez. La selección de series suele ser más falopa todavía porque nunca tienen temporadas completas (ni sé si tendría sentido que las tuvieran): cuatro episodios al azar de Modern Family, Doctor House, Friends y de programas de viajes o cocina del estilo Anthony Bourdain: No Reservations. De la selección de música mejor ni hablar, creo que es para gente que quiere ruido para dormir o que le tiene miedo a volar, son por lo general dos discos de música clásica, algo de adult contemporary tipo Eric Clapton o Mariah Carey y seguramente un greatest hits de Queen. También hay jueguitos berretas tipo blackjack o bowling para los adolescentes adictos a las pantallas cuyos iPad se quedaron sin batería.
Dado que no tendremos escapatoria hasta llegar a destino, si somos incapaces de dormir todo el viaje tarde o temprano terminaremos navegando la interfaz de nuestra tablet y tendremos que decidir qué película veremos. El setting para ver una película no es el ideal. La pantalla suele ser pésima, los auriculares no tienen un buen sonido y estamos incómodos en nuestro asiento sin suficiente espacio para las piernas. Pero aunque a David Lynch no le guste en unos minutos le vamos a dar play a una película. Ahora bien: la selección es crucial porque aunque parezca contradictorio estas limitaciones que presenta el avión a la experiencia de ver una película pueden mejorar una película. Hay ciertos largometrajes que en tierra firme serían films de tres estrellas olvidados tan pronto como terminan los créditos que en el aire se vuelven clásicos instantáneos. Claro está que el avión no es mágico y no puede crear oro de la nada, pero algo en esa pantalla es capaz de pulir el diamante en bruto hasta dar con joyas.
Así que ahí estamos, a diez kilómetros de altura, hojeando la selección filmográfica que algún oficinista en Lima eligió para nosotros. ¿Qué elegir? Obviamente dependerá de la sensibilidad del lector, pero desde esta tribuna haremos nuestra humilde sugerencia. La primera pregunta para guiar nuestra elección es: ¿alguna de las películas ofertadas tiene a Will Ferrell? Si la respuesta es sí esa será nuestra primera película a ver. La joya del aerocine son las comedias yanquis de presupuesto no tan elevado. La película The House (2017) tiene un puntaje de 20% en Rotten Tomatoes (¡Qué vintage!) y la mayoría de las reseñas en Letterboxd son de 3 estrellas o menos. Una vez la vi en un vuelo y morí de la risa, al día de hoy tengo un chiste interno haciendo referencia a una escena de esa película. Un clásico como Talladega Nights puede llegar a ser la mejor experiencia cinematográfica de tu vida. Si en su avión llegara a estar 21 Jump Street considérense afortunados de estar vivos porque están a punto de tocar el cielo con las manos. No hay mejor película en este planeta que 21 Jump Street a bordo de un avión (con la única posible excepción de 22 Jump Street).
El aerocine abre la puerta a aquellas películas a las que uno no les daría una chance estando en casa. También, como mencionábamos, puede ocurrir que el avión no eleve la experiencia de ver una película, pero suaviza la pena. Ejemplo de esto es Elvis (2022), película atroz que vi sin darme cuenta de que era de Baz Luhrmann. Siempre me pasa lo mismo con este director, veo sus películas sin pensar en quién las dirige, las odio, me doy cuenta que fue este hijo de puta al final de la película. Supongo que con su próximo proyecto me pasará lo mismo. Pero aunque la magia de la aviación no puede hacer disfrutable esta película más allá de su escena más memorable (reí viéndola), no me hace querer arrancarme los ojos y salir corriendo del cine con culpa por haber pagado la entrada. The Batman con Robert Pattinson también fue un fiasco (no sé qué esperaba pero algo un poco mejor) pero estando entre las nubes el sufrimiento pasa a ser casi risible. Odio admitir que esto aplica también a una de las peores películas que vi en mi vida, Once Upon a Time in Hollywood, lo cual no quita que tras verla desee la muerte violenta del sionista de Quentin Tarantino.
Si seguimos con tiempo de vuelo (parte del flagelo de nacer sudamericanos) y no hemos visto todavía Cuando Harry Conoció a Sally o El diario de Bridget Jones, este es el momento de hacerlo. Si no están o ya las vimos, otra opción es la de ver una comedia europea. Lo importante es que sea una comedia. Posiblemente haya un dramón del estilo “Jacques-Louis es diagnosticado con cáncer terminal y antes de morir decide reunir a su familia para confesar su pasado colaboracionista durante la invasión nazi”, de la cual pasaremos. Si vemos títulos como Le prénom, Perfectos desconocidos, películas que podemos imaginar protagonizadas por un elenco de actores como Pablo Echarri en la calle Corrientes1 tenemos otra ganadora. Si llegara a haber una película de Almodóvar obviamente calificaría. Acá también puede servirnos un drama, alguna película de suspenso, un thriller, algo de acción, algo medio noir. Lo importante es que sea mid-brow. Algo con Denzel Washington tipo The Manchurian Candidate u Hombre en llamas, creo que todas las películas de Tom Cruise califican, especialmente las de Misión Imposible. Idealmente habrá en la selección alguna película de James Bond. Si el destino te sonríe encontrarás Magic Mike XXL. *Chef’s kiss*.
En los años ‘50 en Estados Unidos hubo un boom de autocines, espacios en los que la experiencia cinematográfica tampoco era óptima. Estas pantallas fueron vitales para el desarrollo de películas clase B, películas baratas, algunas sensacionalistas, otras trash, muchas de ciencia ficción o terror, que podían verse tranquilamente desde un auto. Unas décadas más tarde, en los años ‘90, un joven director empezaba a transicionar de videoclips de Madonna, Michael Jackson y Aerosmith a director de cine hecho y derecho. Este prodigio eventualmente perfeccionaría su arte hasta convertirse en quizás el director quintaesencial del género película de avión. David Fincher es el director ideal. Cualquier película suya es óptima. ¿Gone Girl? Perfecta. ¿La red social? Dénle ya mismo el Oscar que le robó la bazofia de El discurso del rey (película que si no viste también puede ser buena en un vuelo). The Girl With The Dragon Tattoo, Zodiac, Panic Room, Fight Club tienen un potencial aeronáutico infinito. Genuinamente creo que estando en un avión El curioso caso de Benjamin Button es capaz de hacer llorar.
Hay películas que mejor dejar para el Cine York. No veamos El padrino, no veamos películas de John Cassavettes. Paris, Texas merece ser vista en una pantalla mejor. Pero incluso con las limitaciones que el vuelo nos presenta podemos pasarla bomba y llegar a destino con los pies hinchados por el cambio de presión pero con una sonrisa en el alma. Este es el fin de esta breve guía práctica sobre cómo elegir una película de avión. En el avance de las low cost contra toda dignidad a bordo nos hemos visto forzados a ceder varios de nuestros pequeños conforts. Hemos tenido que resignar nuestro equipaje gratuito y la capacidad de llevar líquidos a bordo. Inshallah no terminemos perdiendo uno de los pocos placeres que nos quedan como pasajeros: la tradición del cine de altura.
La elección de Pablo Echarri no es casual, actúa en la adaptación teatral de Una ronda más, película que vi en tierra firme y disfruté pero que debe ser oro puro en un avión.