Bob Loblaw's Law Blog

Lead sister

El disco de oro de mi corazón


Si pienso en cuál es el disco que más escuché en mi vida inmediatamente vienen a mi mente algunos candidatos ineludibles: Music de Madonna, Oktubre, Boy de U2, Locura de Virus, Blue de Joni Mitchell, Chelsea Girl, Clics Modernos, The Wall, The Velvet Underground & Nico, London Calling, Unknown Pleasures… Inmediatamente un problema emerge: ¿Cuál es el disco de Bob Dylan que más escuché? Parálisis. No lo tengo claro ni sé cómo averiguarlo (hasta mi last.fm viejo no refleja las estadísticas en su totalidad).

No tiene importancia, este ejercicio retórico es para tener la excusa de escribir un preámbulo y hablar de lo que realmente me trae hoy por acá. Un disco que tengo grabado en mi memoria de manera tan arraigada que escuchar sus primeras notas podría despertarme del coma más profundo. Claro que estoy hablando de Carpenters Gold, el compilado con los grandes éxitos de las putas cabras del pop melódico/soft rock/pop vocal/adult contemporary: Carpenters.

MY FAVORITE CARPENTERS SONGS. Today reminds us the day when Karen… | by  Archie Del Mundo | Medium

Podría escribir sobre el talento, la frescura, la influencia, la estatura, el legado, la delicadeza, la destreza musical de Karen Carpenter y la… aptitud de Richard para los arreglos. También podría reseñar la película Superstar de Todd Haynes, una biopic representada con barbies absolutamente fantástica, lo cual haré en otro momento. La entrada de hoy es algo mucho más lineal: una reseña/relato canción por canción de quizás el mejor disco de greatest hits (perdón GHV2 de Madonna, dios sabe que te reproduje hasta que mi Discman dejó de andar). Comencemos:

Yesterday Once More. Arranque potente del disco. Menos de un compás del primer acorde en el piano y Karen irrumpe con su voz urgente. Décadas después de encontrarme con esta canción por primera vez y mi imagen mental de una joven Karen escuchando expectante la radio es la misma. La apariencia simple de esa primera estrofa poco importa, es sincero. Ella rememora la música de su infancia y yo hago lo mismo.

Segunda estrofa. Karen golpea la batería y nos dice “But they’re back again, just like a long lost friend”, vuelven aquellas canciones que ella “amó tan bien”, como a mí me pasa con esta. El estribillo roza lo kitsch. ¿Las canciones de la juventud de Karen y Richard sonaban realmente como sha-la-la-la, woah-oh-whoah? Siendo tan All-Americans no nos sorprende. Pienso en We Go Together de Grease. Se termina con el título de la canción, el pasado ha vuelto y el coro (con las voces de Karen y Richard) lo saludan con un shoo-be-do-away.

Todo tiempo pasado fue mejor y más a través del dorado prisma de la nostalgia. Karen canta sobre memorizar cada letra de las canciones y yo no puedo sino acompañarla en cada sílaba. Estas viejas melodías, que me siguen sonando tan bien, derriten los años. Antes del estribillo final nos plantea algo casi contradictorio: sus mejores recuerdos le vuelven claramente pero algunos la hacen llorar, igual que entonces. Freud dice que el trauma del pasado se vive en el presente como si ocurriera en el presente. Yesterday once more.

Superstar. Ya en el silencio entre canciones me adelanto a la melodía de la intro de este cover-más-famoso-que-la-canción-original. Nuevamente empieza a cantar Karen y la nostalgia se materializa en su voz. Ese hombre que toca la guitarra y la enamora con su sonido también forma parte de un imaginario compartido con Yesterday Once More, primero por la distancia temporal (Long ago…) y segundo por el dispositivo que la remueve de su amante. Ya vemos, él no está aca, es la radio.

¿Qué pasó con el que te dijo que te amaba? ¿Acaso se fue y te ha dejado ilusionada? Escuchando el estribillo pienso en el cover-del-cover, aquel de Sonic Youth que conocí por la película Juno. Y hay algo tan de enciclopedia sobre canciones en inglés en terminar un estribillo cantando Baby, baby, baby, baby, oh baby, I love you, I really do.

Realmente es triste la soledad, me es imposible no conmiserar con Karen cuando vuelve la estrofa. Aunque él no le haya dicho nada, aunque sea tan solo una fanática que él no conoce. ¿Cómo se atreve a enamorarla? Richard determinó que “I can hardly wait to sleep with you again” era una letra demasiado subida de tono para la imagen family friendly de los Carpenters (dice el adicto a los quaaludes) así que la cambió por “To be with you again”. El concepto se entiende igual, al igual que el melancólico deseo de ella de invocarlo para que vuelva y le toque su triste guitarra. ¿Cómo puede olvidarse de que le dijo que la amaba? Yo te hubiese amado Karen, como te amo ahora.

Rainy Days And Mondays. El final instrumental bajito de Superstar deviene la intro con armónica de esta canción en la que pienso cada día lluvioso y cada lunes hace más de veinte años. ¿Tengo una predisposición depresiva o el arte me hizo así? Lo que James Baldwin dijo sobre Dostoievsky me pasó con Karen Carpenter. Uno siempre cree estar solo y de golpe el arte nos interpela y nos sacude de nuestra alienación.

Consider me shook. Pero, mientras tanto, permítaseme identificarme con alguien triste, que quiere renunciar, que aunque nada esté realmente mal, se sienta como que no pertenece. En Interiores, Diane Keaton se siente de golpe separada del mundo. De nuevo, el arte poniendo palabras a mi sentir.

¿Cómo lo resuelve Karen? Corre a aferrarse a alguien que la ame. Sabemos que no es (no fue) suficiente. Con los lunes (hoy es lunes, ejem) y los días lluviosos esa melancolía vuelve porque siempre está ahí y nunca se va. Nos queda Karen para empatizar y para que nos deleite con su voz, que en esta canción se luce espléndidamente.

Goodbye To Love. Poco le duró el amor. Enseguida se despide ya que a nadie nunca le importó si vivía o moría (“A Mateo que nacería nueve años después de tu muerte sí”, le grito al parlante inútilmente). Difícil no escuchar acá también a un Morrissey cantando “In my life, why do I give valuable time to people who don’t care if I live or die?”. Esa alienación se niega a sacudirse del todo.

Un Mateo niño que no había conocido el amor ya lloraba sellando su destino con el de Karen. Seamos religiosos de clausura, casémonos con Cristo. Pero la esperanza es lo último que se pierde, me dice Karen. Y aunque llegue aquel otre por quien vivir podemos también amigarnos con la soledad y los días vacíos.

Y acá hay que dedicar unas líneas al primer momento rocanrol de mi vida. El solo de guitarra de esta canción me sigue pareciendo de un nivel de magia inigualable. Así se debe sentir un pelado divorciado de cincuenta años escuchando AC/DC. Después de una bella imagen sobre la rueda de la fortuna y unos cuantos coros de ah-ah-ah entra para su solo final la guitarra eléctrica con efecto fuzz. Puro glam rock para despedir al amor.

It’s Going To Take Some Time. Esta canción bien podrían cantarla las Shangri-Las. El piano acompaña cada sílaba de la primera línea. Nuevamente Karen arranca la canción cantando sobre el piano pero cuando le empieza a pegar a la batería sabemos que she means business.

Karen, hemos de asumir con el corazón roto, se mira a sí misma hecha una piltrafa mientras los pájaros “le dicen tranqui, ya va haber una próxima vez”. Pero Karen no es como la UCR a la que Alem aspiraba, ella dice que como los árboles en invierno ha aprendido a doblarse. Break instrumental de flauta que Karen acentúa con su batería jazzera.

I Won’t Last A Day Without You. Coro etéreo para establecer el mood de una canción que arranca con una Karen que se siente ajena a todo el mundo. Escindida del océano de extraños pero capaz de refugiarse en su amante. Aquel que la va a querer siempre, que siempre va a estar. Karen le canta a esa sensación de derrota, en los momentos en que ni el más pequeño de nuestros sueños se cumple.

Ahí se aferra a él, su mástil en la tempestad, pero admitiendo su criptonita: el día que él no esté. Touch me and I end up singing. Richard no quería nada sucio pero mi mente igual así lo codificó. Esta y Touch Me When We’re Dancing fueron cruciales en el desarrollo de mi temprano erotismo.

De nuevo Karen le dice que basta tan solo mirarlo para saber que puede vivir sin nadie más, sin siquiera amigos. ¿Qué importa la vida cuando se tiene el amor de un hombre? *fills rockeros en la guitarra* Te puedo dar algo que las demás no: total y absoluta dependencia.

For All We Know. Otro cover. Este arranca con un oboe que le da un tono casi arabesco a la canción antes de que nuevo la voz inigualable de Karen en su infinita sutileza nos deleite con este relato de dos amantes conociéndose y aprendiendo a amar al cabo de una vida.

Un arreglo delicioso, instrumentos ajustadísimos, coros angelicales para en dos minutos y medio darnos puro goce. Quiero más y no vamos ni la mitad del disco.

Jambalaya (On The Bayou). Debo confesar algo: de chico a veces salteaba esta canción. Quería llegar a Touch Me When You’re Dancing. También la letra tipo cajun con sus palabras en francés me costaban (me cuesta recordarlas aún hoy). Igualmente la escuché suficientes veces para poder silbarla y tararearla kiwi-melón-style.

Arrancamos campiranos en el delta (o en el bayou, técnicamente), sonido country para pintar la escena llena de imágenes de Louisiana. La melodía es pegadiza y me hace querer comer frutos de mar y (seguramente asquerosa) comida sureña.

Siempre es simpático escuchar la palabra gay para referirse a feliz y acá Karen (como Hank Williams en la versión original) rima el bayou al final de todas las líneas agregando oh a la última palabra (Fill fruit jar and be gay-oh). Me recuerda a la canción tradicional Peggy-O, que tanto Bob Dylan como Joan Baez, Simon And Garfunkel y los Grateful Dead incluyeron en sus repertorios.

Interludio musical y, tras la segunda estrofa, en el estribillo Karen canta más agudo sin sonar forzado. El country sigue, el solo de guitarra marca perfectamente el mood y para el cuarto estribillo los instrumentos se retiran para que sean aplausos los que acompañen la voz. Quiero estar viendo esto en una country fair rodeado de rednecks que griten (como el coro) “Hee-haw!”. Clímax casi circense para concluir y pasar al próximo gran éxito.

Touch Me When We’re Dancing. Sexo. Un redoble en los platillos y la guitarra sensual ya nos pone en el mood con un par de notas. Karen pide a su amante que ponga una canción para bailar lento y apretados. ¿Por qué no esta?

Ella canta sobre estar uno contra otro, los corazones bombeando al unísono y, tras un beso robado, (o la expresión del ansia de poder hacerlo) llega el pedido que da nombre a la canción: tocame cuando bailamos. El deseo se hace carne en mí, quiero bailar, tocar y ser tocado. Mi cuerpo tiene hambre de ese toque que enamora.

El corazón de Karen le habla para darle luz verde, es un corazón parlanchín como el de Olivia Newton-John en Hopelessly Devoted To You (sí, otra referencia a Grease, sue me). Pide que su amor fluya a través de ella y añade que podría volar de costa a costa de lo elevada que se siente (aunque no está high sino up so high la imagen igual es sugerente).

Estribillo tras estribillo, Karen vuelve a usar su truco de subir una octava respecto del anterior. El éxtasis no termina y la canción se despide con un fade out. Es imposible (o de mal gusto) interrumpir a Karen en su goce.

Please Mr. Postman. Esta canción obviamente es un cover, pero yo primero conocí a los Carpenters y después a los Beatles. Cuando escuché la canción de los Beatles, al llegar la parte de “There must be some word today from my girlfriend so far away” dije qué carajo. Mirá si tu sexualidad va a ser tan frágil de cambiar la letra. La canción dice BOYFRIEND!! Cantala así, John Lennon, pedazo de trolo. Yo era muy fan de mi banda y quería defenderla a toda costa. Después me enteré de que la versión de los Beatles era anterior (lógicamente) pero tampoco es la original. La original de las Marvelettes dice boyfriend. Gané yo, morite John Lennon. La de los Carpenters está muy bien, suena muy rock and roll. Las guitarras y los coros me dan ganas de hacer pasos de baile estilo surf/fondo del mar. Es un arreglo más que apropiado, tiene sentido que haya sido número uno de Billboard.

I Need To Be In Love. Vuelve la melancolía. Karen admite ser esa amiga que no tolera la soltería. El piano introduce una breve melodía y un arpa y una flauta complementan el imaginario bucólico.

A ella la noción de pasarse la vida buscando a su media naranja le cuesta pero insiste. Se cansó de jugársela de liberada, teniendo relaciones superficiales. Carpenters es una banda tra-di-cio-nal, así que nada de liberación (Freedom only helps you say goodbye). Yanqui como es, rápidamente introduce la lógica de mercado: nada es gratis en la vida (There’s no such thing as a free lunch diría un niño rata libertario). Ya pagó un precio lo suficientemente alto.

Redoble de tambores para este estribillo para cantar a los gritos. Charli eventualmente cantaría Fall in love again and again, Karen sabe que necesita estar enamorada y cierra con una frase que me define como ninguna otra: I know I ask perfection of a quite imperfect world // And fool enough to think that’s what I’ll find. Con perdón a Leonor Silvestri, yo seré depresivo pero siempre un romántico y, si me apurás, un optimista.

La segunda estrofa ilustra ese apriete: bolsillos llenos de buenas intenciones que no me confortan, despierta de madrugada sin amigos (sí soy), hanging on a hope, but I’m alright (una lloradita y a seguir). Take it away, Karen. ¿Mencioné ya lo hermosa que es la voz de Karen Carpenter?

Solitaire. Otra que a veces salteaban (se vienen dos al hilo que son oro puro). Richard la eligió para mostrar lo bien que podía cantar Karen y, aunque la canción logra este cometido, según él a su hermana “nunca le gustó la canción y jamás cambió de parecer”.

Efectivamente, en el estribillo de esta canción Karen despliega potencia, sutileza, dulzura, rango, versatilidad, delicadeza. Nada, te amo, Karen, pasemos a We’ve Only Just Begun.

We’ve Only Just Begun. Clásico de clásicos, flauta pastoral para arrancar. Fragilidad en “to live”, sensualidad en “white lace and promises” (de chico no conocía la palabra lace y pensaba que hablaba de mentiras blancas, ¿por qué no?). Casi la fórmula de Richard a esta altura, de menos a más: inicio sin batería, golpes en los tambores, coro (que hace él esta vez), un par de frases adicionales (la letra lo dice, we start out walking and learn to run) y ahora sí redoble de percusión para dar lugar al estribillo con los bronces marcando los compases. Karen le canta al amor matrimonial y a descubrir la vida juntos.

No voy a hablar desde el cinismo (mis padres a los treinta “we’ll find a place where there’s room to grow”, yo a los treinta “nunca me voy a recuperar financieramente de esta compra (granola de un kilo)”). La operación funciona, escucho esta canción y tengo ganas de casarme y sacar un crédito para comprar una casa estilo Frank Lloyd-Wright. Pero, alas, no soy un baby boomer estadounidense sino un millennial argentino criado al fragor de la crisis de 2001 y el crédito hipotecario es prácticamente una fábula infantil.

Karen siempre quiso casarse y tener una familia tradicional pero no lo logró. Recién diez años después de sacar esta canción se casó con un señor mayor que ella con un hijo de una relación anterior que se había hecho una vasectomía y se negaba a revertirla. En 1976 Karen se compró dos departamentos que unificó en Los Angeles y su timbre tocaba la intro de We’ve Only Just Begun. Años más tarde Marge Simpson compraría un timbre con la intro de…

…(They Long To Be) Close To You: Me llama la atención que no abra el disco esta canción. ¿No es EL gran éxito de los Carpenters? La fórmula ya la conocemos: unas notas en el piano, Karen canta unas barras, solo después aparece la batería, un par de líneas más, estribillo, the works.

Al amante de Karen el universo le sonríe, fue creado por los ángeles y dotado de un magnetismo absoluto que hace que los pájaros, las estrellas y obviamente las chicas (todas putas) quieran estar cerca de él. Simpatiquísima imagen del comité angelical decidiendo crear un sueño hecho realidad. Angelical también es el coro que despide la canción con un Waaa-Close to you atrás de otro.

This Masquerade. Otra “distinta”. Se siente más adulta, más jazzera, más soul. La melodía va a lugares inesperados, no suena “perfectita” como los clásicos hits. Sube y baja, parece entrarle a las notas de modo adyacente, como en “We tried to talk it over but the words got in the way”.

El interludio instrumental suena a escena de club de jazz en una película hasta la llegada de la flauta, momento en que deviene un poco más lobby de hotel. Casi un minuto de outro jazzera, que acelera al final, como si quisiera evocar algo del “momento popurrí” de sus shows en vivo.

Ticket To Ride. Véase supra lo que dije sobre los Beatles. En realidad descargué mi enojo apresuradamente porque mi bronca no era precisamente con Please Mr. Postman sino con Ticket To Ride, pero como sabía que venía yo empecé con mi diatriba. El piano hace una intro extendida en comparación con los otros clásicos, para un mood extra melancólico. Yo cualquier día de mi vida hace décadas: I think I’m gonna be sad.

A mí de chiquito solo me gustaban las mujeres. ¿Me generaba conflicto alguno con mi precoz sexualidad cantar “the BOY that’s driving me mad”? Para nada. Cantaba la heterosexual Karen y yo repetía. El texto es impune, es la carta de amor de una mujer a un hombre, yo meramente la recito.

Bueno, mi sorpresa cuando escuché la versión de los Beatles con todos los pronombres cambiados fue enorme y mi reacción absolutamente negativa. Pero concentrémonos en esta de los Carpenters. Karen demora un minuto y medio para arrancar con la batería. Hacia el cierre del segundo estribillo el mood cambia a campirano y la voz de ella pasa a una octava alta para el segmento “Don’t know why he’s riding so high”. La melancolía vuelve, siempre vuelve, para un coro repetido de cierre de think I’m gonna be sad. Pero su efecto no era absoluto porque Mateo niño (y Mateo adulto) sabe que a continuación viene nada más ni nada menos que...

Top Of The World. Yee-haw! Sacudo mi sombrero de vaquero durante esta intro country a mi tema favorito de la infancia. 10/10, no notes. No leas más esto, dale play, pura dicha, goce y satisfacción. Cantá a los gritos como yo escuchándola ahora.

La letra es una delicia. La melodía sublime. Cada cambio de nota da placer a mis neuronas. La música de la expresión música para mis oídos es esta canción. Karen canta desde un púlpito ubicado en el centro de mi corazón. Esta canción debería haber estado en el disco que se envió al espacio en la sonda Voyager.

Las armonías de la última repetición de Top of the world son increíbles. En fin, no me alcanzan los superlativos, es quizás la canción que más escuché en mi vida. Sigamos.

Only Yesterday. Golpes en la batería y Karen empieza a cantar con una voz grave que parece la de otra persona que la que recién estaba en la cima del mundo. La batería acentúa el final de las frases, es un beat extraño. A medida que avanza la estrofa Karen va dando indicios de un tono cada vez más agudo y el contraste del estribillo con el principio de la canción es notorio.

Baby, baby, parece Superstar, segunda parte. El ritmo aumenta para el clímax del estribillo y nos recuerda que “tan solo ayer” (hace dos canciones) estaba sola y triste pero ya no, está renovadísima y el día de mañana será incluso más esplendoroso que el de hoy. Guitarra rockera (un poco menos que en Goodbye to Love), Karen encontró el amor y el mundo brilla.

Sing. Momento íntimo. Esta canción le encantaba a mi padre. Creo que era una de las favoritas de su padre. Yo odio a mi padre, él tenía una relación muy complicada con el suyo. Escucho la flauta y pienso en él. La canción no es mala, pero tengo sentimientos encontrados y asociaciones poco felices. El coro infantil de la grabación se siente dated (este viernes a las 21 en Canal 13 el Coro Kennedy interpreta las canciones de Los Carpenters). Otro skip ocasional, al menos cuando se aproxima el final de la canción.

Calling Occupants Of Interplanetary Craft. EXTRAÑÍSIMA selección final. Totalmente fuera de registro con las demás. Una vez en un blog de música vi un posteo sobre el disco 3:47 EST de la banda Klaatu y con sorpresa encontré la versión original de esta canción. La de los Carpenters arranca con un skit de programa de radio al que llaman los aliens, todo muy ‘70s. Si bien no es tan rock progresivo como la original, mantiene mucho del espíritu. No la odio, pero le sacaría muchas cosas y ni por asomo la pondría en el greatest hits (¿y A Song For You?, ¿dónde está Reason To Believe? ¿Hurting Each Other?). Parece, con sus cambios de sección, una canción sacada de un musical. A mí me gustan los musicales, pero acá desentona. Conclusión: por si no quedó claro, ella canta muy bien.

No planifiqué la estructura de este texto más que reseñar canción por canción, así que como últimas palabras diré que no es exclusivo de Gardel, Karen Carpenter también cada día canta mejor. Declaro desde estas líneas y a quien quiera escucharme mi amor absoluto y eterno por ella y sé que el hecho de que su música exista hizo de este mundo un lugar mejor y mi vida más feliz. Gracias.

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